Esta es la historia de un nino,
Que como en muchos casos;
Un padre irresponsable,
Su obligación a el le dio.
El se sentía muy hombre,
Y creía que lo era;
A su familia el cuidaba,
Su padre se emborrachaba,
Su madre en una cama,
La muerte ella esperaba.
No había otra alternativa,
Que luchar por sus hermanos;
Y aunque de verdad era un nino,
Sabia usar bien sus manos.
Su corazón habían herido,
Su mente ya bien danada,
Sus manos muy arrugadas;
Su rostro era una mueca,
De dolor y amargura.
A fumar el aprendió,
Y lo hacia muy frecuente;
El creía que al hacerlo,
Como un hombre el se miraba,
Y el respeto se ganaba.
Daba tristeza este caso,
Porque el llevaba una carga,
Que para él no fue disenada.
Responsable en su trabajo,
El llegaba muy temprano,
Trabajaba como un hombre,
Aunque su edad y estatura;
Era la de una criatura.
Un día inesperado,
Al regresar del trabajo;
Se le acerco una senora,
Y con amor y dulzura;
Su rostro ella acaricio,
Y a sus oídos habló.
Ya no fumes mi pequeno,
Eres apenas un nino,
Mira tus manos y tu cara,
Las tienes muy arrugadas,
Tienes triste la mirada;
Déja que yo te ayude,
Permíte que entre a tu vida;
Para que descanses en alguien,
Tu lucha no esta perdida.
Pero el muy arrogante,
Su corazón no aguanto;
Y sacó todo el odio,
Y en ella lo desplomó.
La insultó y la ultrajó
Y nada en él ella inspiro;
Pero como buena cristiana,
Del amor de Dios ella le habló.
El siguió su camino;
Y llegó a su casa,
Y fumar en un rincón;
Y como algo sorprendente,
Sin darse cuenta salían;
Lágrimas de dolor. Lágrimas de su corazón
El se creía muy grande;
Pero en el fondo de su alma;
Sabia que era un nino,
Un nino falto de amor.
Miraba su madre enferma,
Su padre bebiendo alcohol;
Sus hermanos con mucha hambre,
El era la solución.
Por fin su madre murió,
Su padre se intoxico,
El alcohol se lo mató,
Sus hermanos se fueron;
A buscar otros senderos,
El no supo que destino;
La vida a ellos le dio.
Ya pasaron muchos anos,
ya creciste sos un hombre,
tienes esposa y dos hijos,
y aprendiste a vivir
en tinieblas tan oscuras
y te tocó muy duro sobrevivir.
Cierto día caminabas
cuando de pronto tus ojos,
columbraban la senora,
que en tu ninez se acerco a ti,
hoy es una dulce y carinosa anciana,
la reconocerías entre mil.
Con respeto y mucha ternura
le preguntaste por fin,
se acuerda de mi dulce dama
soy aquel nino,
que hace muchos anos,
no la quiso oír.
Te abraso la dulce dama,
te abraso con mucho amor,
y te dijo en el oído
nunca olvide tu tierna cara,
y por ti rogaba al Senor,
que un día te encontrara
y hablarte de su amor.
Llorabas como un nino,
aunque ya eras todo un hombre,
llorabas ante esa anciana
llorabas delante del Senor,
y aunque mojabas el hombro
del vestido de la dama,
a ella no le importó
porque con esas lágrimas sellabas
y con ellas confirmabas,
la entrega de tu corazón.
Y hoy a los padres aconsejas,
a ser padres sin condición
a que velen por sus hijos,
y que vivan su ninez
que no pase lo que contigo pasó,
y que cuando por allí andes,
escucha con cuidado
lo que alguien te aconseja
porque es palabra de Dios,
yo no escuche aquella dama,
pero algo en mi ella sembró,
y siento que mi alma hoy clama,
al Senor por su perdón.
Y ahora que soy un hombre,
pero a la verdad soy un nino,
soy un nino en el Senor
y a El solamente le entregaré mi amor;
y tratar de recuperar,
lo que mi ninez perdió,
empezaré como esa dama del Senor a predicar
y con este testimonio,
muchas vidas, para El poder ganar.